jueves, 29 de enero de 2009

martes, 27 de enero de 2009

Epifanía: Introducción al blog.


Me sumerjo en la inconsciencia de la noche, casi sin percibir que he cambiado. Giro en un ciclo eterno, imperceptible, inmóvil. La vida cotidiana no es más que una tapadera de superficialidades, de insignificancias. Una distracción, una imagen, solo una imagen. Mi cuerpo no es mi cuerpo, mis ojos no son mis ojos y mis manos ni siquiera me pertenecen. El silencio es abrumador pero reconfortante, cálido. El mañana me susurra al oído “nada importa”, pero mi humanidad rechaza lo que no entiende, lo que teme. La incertidumbre es un abismo, la normalidad es un laberinto. Nada es lo que es, todo es lo que no es. Somos sombras, voces brevísimas. Ráfagas esporádicas y sin rumbo, huérfanos hambrientos que perseguimos la luz y terminamos girando alrededor de una bombilla. O solo soy un idiota que pretende ver más de lo que hay, ver algo que ni siquiera existe. Nos acosan los acontecimientos y nos atosigan los sucesos. ¿Acaso estamos atrapados en una cadena, en un ciclo sin fin de eventos del cual no podremos jamás escapar? Mientras Don Quijote se los inventaba nosotros no podemos escapar de ellos. Pero ¿realmente sucede? ¿Realmente estamos tan despiertos? ¿O estamos sumidos en algún tipo de ensueño y la muerte es solo el despertar? Antes de nacer estábamos despiertos y al salir del vientre de nuestras madres, caímos con el primer grito, en sueño profundo llamado existencia.
 No existismos. Solo existe lo que creamos, lo que permanece, lo que escribimos.